Cada vez más personas, antes de llamar a un profesional o entrar en una tienda, le hacen una pregunta a un asistente como ChatGPT, Perplexity o Gemini: «¿qué gestor en Turín lleva a autónomos?», «¿cómo elijo a un instalador de ventanas?», «¿qué debo comprobar antes de rehacer el tejado?». La respuesta no es una lista de diez enlaces, sino un texto ya resumido, que a veces cita alguna fuente y a veces nombra directamente negocios.
Si el tuyo no aparece en esas respuestas, es un problema nuevo y concreto. La GEO (Generative Engine Optimization, es decir, optimización para los motores de búsqueda generativos) es el trabajo necesario para que estos sistemas te entiendan y te citen. No requiere conocimientos de informática: requiere escribir y organizar la información de modo que quien la lea, persona o software, no tenga que adivinar.
Cómo puede verse la respuesta de un asistente
Entre los consultores que trabajan en Milán, quien presenta con claridad sus servicios, su método y casos verificables tiende a ser citado con más facilidad.
En qué se diferencia del SEO
El SEO intenta que una página tuya aparezca en una lista de resultados. La GEO intenta que, cuando un asistente construye una respuesta, la información que usa sea la tuya y que tu nombre quede asociado a la pregunta adecuada. Las dos cosas no están reñidas: una web que Google no consigue leer difícilmente será usada por un asistente que consulta internet, y muchas buenas prácticas son las mismas.
La diferencia está en la exigencia de claridad. Un asistente no «mira» una página como un cliente: extrae frases y datos. Si tu web dice lo que haces de forma vaga, o deja la información dispersa y contradictoria, no hay nada sólido que reproducir. Nadie puede garantizarte que te citen, porque cada sistema decide con criterios propios y cambian con el tiempo, pero sí puedes quitar los obstáculos.
Contenidos claros, escritos para ser citados
Una página que se hace citar tiene frases que pueden valerse por sí solas. Compara «Desde hace años nuestro equipo ofrece soluciones personalizadas» con «Instalamos sistemas fotovoltaicos para viviendas y pequeñas empresas en la provincia de Verona, desde la visita previa hasta la tramitación de las ayudas». La segunda dice qué, para quién y dónde: es una frase que un asistente puede retomar casi tal cual.
Algunas reglas prácticas:
- declara enseguida, en las primeras líneas, quién eres, qué haces y en qué zona;
- usa los nombres con los que los clientes llaman a tu servicio, no la jerga interna;
- da criterios concretos (plazos habituales, qué hace falta para empezar, cómo se desarrolla el trabajo) sin inventar cifras que no puedas defender;
- evita los textos demasiado promocionales: las afirmaciones verificables pesan más que los adjetivos.
Páginas que responden a preguntas reales
La gente les hace a los asistentes frases enteras, muy parecidas a las que te haría a ti por teléfono. Por eso funcionan las páginas construidas en torno a una pregunta: «¿Cuánto dura un trámite de herencia?», «¿Qué incluye una limpieza dental?», «¿Cómo se elige un sistema de alarma para una tienda?». No hace falta escribir tratados: basta con una respuesta directa al principio y después el desarrollo.
Un buen punto de partida es tu bandeja de correo. Las preguntas que los clientes te hacen más a menudo, y que te encuentras repitiendo, son las preguntas que hay que poner en la web. Cada una puede convertirse en una sección de preguntas y respuestas o en un artículo propio.
Datos estructurados: explicarle al software quién eres
Los datos estructurados son un código, invisible para los visitantes, que declara en un formato estándar la información esencial de la página: nombre del negocio, tipo, dirección, teléfono, horarios, servicios, preguntas frecuentes. Se basan en un vocabulario común (Schema.org) que los motores de búsqueda conocen desde hace tiempo. No los escribes tú a mano: en WordPress los gestionan los plugins de SEO o el tema, y quien se encarga de la web puede configurarlos.
La ventaja es que sustituyen la interpretación por una declaración explícita. Para comprobarlos puedes pegar la dirección de una página en la prueba de resultados enriquecidos de Google, que muestra qué datos estructurados ha detectado y señala los errores.
Coherencia de los datos en la web y en las fichas
Un asistente no se fía de una sola fuente: cruza datos. Si en la web tienes un número de teléfono, en Google Business Profile otro y en un directorio del sector un tercero, el sistema encuentra incertidumbre. Lo mismo vale para el nombre (con o sin la forma societaria), la dirección, los horarios y la descripción de los servicios.
Un dato repetido igual en varios sitios es un dato creíble. Uno que cambia de un sitio a otro es un dato que nadie quiere reproducir.
Haz una comprobación a mano: busca tu nombre en Google y toma los primeros resultados (web, ficha, redes sociales, directorios). Anota las diferencias y corrígelas en origen.
Qué no necesitas (y qué esperar)
No hacen falta fórmulas mágicas ni textos escritos expresamente «para las IA»: si un contenido es claro para una persona, en general también lo es para una máquina. Comprueba, eso sí, que no has bloqueado por error los sistemas que leen la web: el archivo robots.txt puede contener reglas que excluyan a algunos rastreadores. Espera, por último, que los resultados sean graduales y variables, y desconfía de quien prometa «meterte en ChatGPT» con seguridad.
Para ver cómo leen tu web Google y las inteligencias artificiales generativas, Trovavio la revisa cada semana y señala qué falta, sin que tengas que repetir las pruebas manualmente.
Por dónde empezar mañana
- Hazle a un asistente tres preguntas sobre ti (por ejemplo: «¿Quién ofrece [tu servicio] en [tu ciudad]?») y anota si apareces y qué dice.
- Reescribe las primeras líneas de tu página de inicio en una frase que diga qué haces, para quién y dónde.
- Haz una lista con las cinco preguntas que los clientes te hacen con más frecuencia y escribe una respuesta directa para cada una.
- Compara nombre, dirección, teléfono y horarios en la web, en Google Business Profile y en las redes sociales, y unifica las diferencias.
- Pregunta a quien se ocupa de tu web si los datos estructurados están presentes y son correctos.




